Misþyrming pertenece a esa generación de bandas que logró que el black metal islandés dejara de verse como una curiosidad periférica y empezara a percibirse como una fuerza real dentro del género. Formados en Reikiavik en 2013, con D.G. como núcleo creativo desde el inicio, aparecieron en un momento en que la escena de Islandia ya respiraba una oscuridad muy particular, pero su irrupción tuvo algo más que contexto: tuvo filo, dirección y una manera muy concreta de convertir violencia, trance y claridad compositiva en una sola identidad.
Lo que vuelve importante a Misþyrming no es sólo su intensidad, sino la forma en que esa intensidad está organizada. Hay muchas bandas capaces de sonar feroces; menos son las que consiguen que esa ferocidad tenga arquitectura. En Misþyrming, el caos no es desorden: es empuje, tensión, un modo de avanzar que nunca sacrifica la canción en nombre del clima ni el clima en nombre del virtuosismo. Por eso su nombre pesa más allá del entusiasmo de moda que rodeó a Islandia durante la década pasada.
Su sonido parte del black metal, sí, pero no se limita a una sola escuela cerrada. Hay disonancia, agresión y aspereza espiritual, pero también una comprensión muy afinada del riff memorable, de la apertura melódica y de la dinámica interna de cada tema. Misþyrming puede sonar hostil, ceremonial y cortante al mismo tiempo, sin perder cohesión. Esa combinación les permite moverse entre ráfagas violentas, pasajes más amplios y momentos donde la música parece respirar un aire casi visionario, siempre bajo una sombra espesa y profundamente humana.
También hay una actitud muy definida en su manera de existir dentro del metal extremo. No son una banda de ornamento ni de mística vacía. Incluso cuando su música alcanza momentos de gran amplitud, lo hace desde un lugar áspero, físico, sin perder el carácter de herida abierta que ha acompañado al mejor black metal de las últimas décadas. Sus tres discos de estudio, Söngvar elds og óreiðu de 2015, Algleymi de 2019 y Með hamri de 2022, muestran una evolución clara: del ataque inmediato a una escritura más rica, más expansiva y cada vez más segura de sí misma.
Highlights discográficos
Söngvar elds og óreiðu (2015)
El debut de Misþyrming sigue sintiéndose como una irrupción verdadera y no como un simple primer paso prometedor. Hay una violencia muy viva en el disco, pero también una lucidez rara para una banda tan joven: las canciones no dependen sólo del ataque, sino de cómo administran la tensión, el espacio y la aparición de melodías que nunca suavizan el golpe. Es un álbum que suena encendido por dentro, como si cada tema estuviera escrito desde una urgencia real y no desde la voluntad de “representar” al black metal. Por eso sigue siendo un punto de entrada clave a la banda y uno de los discos que ayudaron a fijar el prestigio de la nueva ola islandesa.
Algleymi (2019)
Con Algleymi, Misþyrming no abandona su ferocidad, pero sí la somete a una escritura más abierta y sofisticada. Aquí hay más amplitud emocional, más trabajo en la construcción atmosférica y una sensación de profundidad que no reemplaza la violencia, sino que la vuelve más contundente. El disco tiene algo de expansión natural: parece la obra de una banda que entendió que podía crecer sin volverse más blanda, complejizando su lenguaje sin perder identidad. Es probablemente el momento en que Misþyrming deja de ser sólo una banda devastadora para consolidarse como una de las propuestas más completas del black metal contemporáneo.
Með hamri (2022)
Með hamri muestra a la banda en una etapa de madurez especialmente firme. No suena a repetición de fórmulas previas ni a intento ansioso de reinventarse, sino a síntesis: la agresión del debut y la expansión del segundo disco conviven aquí dentro de un lenguaje más afilado, más compacto y muy seguro de su propio peso. Hay una energía casi marcial en varias partes del álbum, pero nunca se vuelve rígido; el disco sigue respirando, mutando, dejando que los riffs y las atmósferas se empujen mutuamente. Es un trabajo que confirma que Misþyrming no dependía del impacto inicial de su escena, porque ya tenía una voz propia y suficiente para sostenerse por sí misma.